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Un episodio central: La confesión de Pedro

XII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Fecha: 20/06/1971. Publicado en: Semanario Diocesano Luz y Vida 641, 6-7



    El episodio que relata el evangelio de la Misa de hoy no está situado por el evangelista San Lucas en ningún lugar geográfico concreto. Sin embargo por el testimonio de San Mateo y San Marco, sabemos donde tuvo lugar este importante suceso, conocido con el nombre de “la confesión de Pedro”. Es así como empieza el relato en San Marcos: “Luego, Jesús se fue con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino iba preguntando a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?” La confesión de Pedro tuvo, pues, lugar en el camino de Cesarea, y, es por lo que este relato se conoce también con el nombre de “episodio de Cesarea”.

    Cesarea, de Filipo está al norte de Palestina, en la cordillera del Hermón (unos 40 Kms. Al norte de Betsadia y el lago de Genesaret). El tetrarca Filipo había transformado en una importante ciudad este lugar, antiguo, centro de culto helenístico cerca de una de las fuentes del Jordan. Junto a la fuente del río sagrado había un templo al dios Pan, de donde su nombre Banias, que aún conserva este lugar. En honor del emperador Augusto, la ciudad había recibido el nombre de Cesarea y, puesto que existía otra Cesarea en la costa del Mediterráneo, para no confundirlas, esta “ciudad del César” llevaba el sobrenombre de su fundador Filipo. Jesús está, pues, en el borde de la tierra de Israel, pero en un territorio que se había hecho pagano. Por esta región, sin embargo, muy poblada, Jesús y sus discípulos podían, como desconocidos que eran, vivir aislados como en un desierto; pero ¿qué le llevó a Jesús a adentrarse en aquel territorio? Es aquí donde radica el interés de nuestro pasaje.

    En efecto, los estudiosos están de acuerdo en señalar que se trata aquí de un episodio central en la viva de Jesús. Los mismo evangelistas -salvo tal vez San Lucas- lo dan a entender así. San Marcos comienza con él una nueva sección de su evangelio, mucho menos centrada en las instrucciones de Jesús a sus discípulos; San Mateo, a su vez, hace seguir el episodio de una indicación preciosa: “ A partir de entonces, Jesucristo comenzó a mostrar a sus discípulos que tenía que partir hacia Jerusalén.” Esta expresión, bastante solemne, tiene un paralelo llamativo, en el que se anuncia el comienzo de la vida pública en el propio San Mateo: “A partir de entonces, comenzó Jesús a predicar y a decir: “Convertíos porque el reino de los cielos está cerca.” Y si notamos que ambos momentos van precedidos de un retiro de Jesús -el primero, hacia el desierto, ahora, hacia Cesarea- no puede negarse que San Mateo ha tratado de destacar estas dos situaciones como dos momentos importantes en la vida de Jesús. Antes de esta confesión de Pedro en Cesarea, Jesús había predicado a las multitudes, arrastrándolas con su palabra y los signos de sus milagros. Pero no tardan en producirse los primeros síntomas del rechazo de Jesús. La reacción de las gentes, por ejemplo, ante la multiplicación de los panes, tal como lo narra San Juan, va desde su entusiasmo desbordante a la incomprensión y la sorna, cuando Jesús les habla del pan del cielo bajado para la vida del mundo.

    Jesús actúa de otra manera después del episodio de Cesarea. Su interés se centra en sus discípulos. El grupo que le sigue ha disminuido. Sólo los que como Pedro creen que Jesús es el Mesías de Dios siguen con él. Jesús prepara a los suyos para su misterio pascual, que no ha de suceder sin sufrimiento y dolor. Inmediatamente después de este episodio, Jesús anuncia su pasión y exige a los que le sigan a cargar con su cruz.
 

   
F. Javier Martínez

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