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Los obreros de la mies y el mensaje del Reino

XIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Fecha: 04/07/1971. Publicado en: Semanario Diocesano Luz y Vida 643, 6-7



    El evangelio de hoy forma parte de un conjunto de exhortaciones de Jesús a un grupo de discípulos, a los que envía a anunciar la Buena Nueva del Reino, y conocido por eso con el nombre de “discurso de misión a los setenta y dos discípulos”. En forma de discurso separado esta “misión” de los setenta y dos nos es transmitida sólo por San Lucas. Los otros evangelistas sólo hablan de un envío de Jesús a los doce, con su correspondiente discurso o colección de sentencias y consejos del Maestro; esta “misión” la ha relatado San Lucas en el capítulo anterior. Sin embargo, también San Mateo conocía la tradición relativa al discurso del evangelio de hoy; lo que sucede es que el primer evangelista gusta de reunir los pasajes de contenido análogo en una sección única, y así ha fundido las dos misiones en una sola. Con todo, el hecho que San Lucas traiga los dos discursos separados nos obliga a pensar que se trate de dos ocasiones distintas; es posible que se trate sólo de una misión, en la que tomaron parte otros discípulos además de los doce, y que ha sido transmitida por la tradición en dos relatos paralelos.

    Los discípulos, al igual que los doce, no deben marchar ante Jesús sólo para buscarle alojamiento, como los mensajeros que envía cuando se decide a partir para Jerusalén; su misión es predicar el evangelio y preparar el camino al mensaje de Jesús. En este discurso podemos, además, apreciar una característica propia de la manera de hacer los evangelios: a donde envió Jesús los discípulos, donde se encontraba en el momento de enviarlos, cual fue su actividad durante su ausencia, son preguntas a las que el evangelista no nos da respuesta alguna. La tradición no mostró. Interés por estas cuestiones que a nosotros nos apasionarían, y conservó sólo las palabras de Jesús pronunciadas con ocasión del hecho mismo de la misión. Este carácter conciso y esquemático, típico de los relatos evangélicos, no debe hacer suponer que Jesús, entre tanto, no tuviera discípulos, o que éstos estuvieran inactivos. Su misión no era otra cosa que la prolongación y la ampliación de la propia misión de Jesús.

    Debemos tener en cuenta este carácter esquemático a la hora de interpretar las palabras de Jesús, pronunciadas en un contexto cuyos detalles no nos han sido transmitidos; en todo caso, las exhortaciones y palabras de Jesús a sus discípulos no se limitarían a las escuetas indicaciones que se nos han conservado en los evangelios.  Hay que notar especialmente que Jesús no promete a sus discípulos una cosecha afortunada, sino, al menos en general, dura y laboriosa. Eso es lo que, en lenguaje figurado, viene a decir “os envío como corderos en medio de lobos”: que no se hagan excesivas ilusiones respecto al fruto, que no depende de ellos, sino del “dueño de la mies”. Por eso ellos, a pesar de su condición de segadores, deben orar, y de su oración depende, en buena medida, el fruto. También puede resultarnos extraña la prohibición de no saludar a nadie en el camino. Sin embargo, no se trata sino de una expresión figurada para indicar la prisa que debe tener el discípulo en el cumplimiento de su misión, y que no debe dejarse detener por nada ni entretenerse en conversaciones con pasantes.
    El final de nuestro pasaje relata la vuelta de los discípulos. El comentario de Jesús es de lo más expresivo, y ayuda a comprender el significado que Jesús daba a su misión y a la de sus discípulos. La predicación del Reino significa el comienzo de la ruina de Satán. Su poder sobre el mundo se acaba con la venida de Jesús, y el mejor signo de ello son las expulsiones de dominios que los discípulos han realizado en el nombre del Maestro.   


F. Javier Martínez

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