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Homilía en el III Domingo de Pascua (selección de párrafos)

Santa Iglesia Catedral de Granada

Fecha: 06/04/2008. Publicado en: Boletín Oficial del Arzobispado de Granada. Nº 93. p. 180



Los relatos de las apariciones de Jesús tienen una característica especial, lo cual no es de sorprender por dos motivos. Primero, son relatos que cuentan algo que jamás ha sucedido antes ni volverá a suceder hasta la resurrección de los muertos, y por tanto son relatos llenos de asombro, de sorpresa, parecidos al relato de la Transfiguración o de la Alianza del Sinaí, en los que se manifiesta el poder de Dios de una manera sobrecogedora para la conciencia humana. Pero, además, son relatos que fueron contados muchas veces en los lugares donde habían tenido lugar las apariciones, junto al Sepulcro, en Emaús, y donde los cristianos de zonas cercanas iban muchas veces, y fueron contados muchas veces en aquel lugar. Y eso explica muchos de los rasgos de esos relatos.

En el que la Iglesia nos propone hoy, de dos discípulos que iban camino de una aldea, y a quienes el Señor se les hizo el encontradizo, a base de contarlo muchas veces, ya casi es una catequesis de lo que es una vida cristiana. Y es normal. Es más, si no fuera así, si el relato tuviera la frialdad de un registro magnetofónico, tendríamos muchos motivos para sospechar. Primero, porque en el siglo I no había registros magnetofónicos. Y segundo, porque no tendría la forma humana que tiene un relato de unos testigos que han vivido algo así en el siglo I.

En este relato de Emaús casi se perciben los rasgos de lo que es la vida cristiana. Y voy a subrayar sólo algunos de ellos, que además son muy evidentes.

La fe en Jesucristo es, ante todo, la fe en el acontecimiento de la resurrección (…). Jesucristo es realmente Señor de la Historia y centro de la Creación. Como dice San Pablo a los Colosenses, “Aquél en quien todo fue hecho, para quien todo fue hecho, y en quien todo tiene su consistencia”. Es muy fuerte lo que dice ese pasaje. Todo tiene en Él su consistencia. Los que estáis aquí casados, pensad: ¿De qué está hecha vuestra mujer? De Cristo. Porque Cristo es el centro de la Creación, la consistencia misma de la Creación. (…)

¿Sabéis lo que es ser cristiano? Vivir lo que vivieron los discípulos de Emaús. Vivir con Cristo a nuestro lado, porque lo llevamos, porque ha resucitado, porque vive. (…) Y como los discípulos de Emaús, muchas veces no nos damos cuenta. Tú piensas que quien tienes al lado es tu mujer, o tu marido, o tus hijos, y lo que ves son los defectos. Y, sin embargo, a través de todas las cosas, es el Señor quien nos acaricia, es el Señor quien nos cuida, quien nos mima. Para quien ha conocido a Jesucristo, todas las cosas son un signo, una señal, un gesto del afecto infinito de Dios por cada uno de nosotros. (…)

Y el culmen de esa compañía de Jesús es la fracción del pan, la Eucaristía, que es donde misteriosamente la compañía y el don de Cristo nos es renovado cada día de un modo que nuestra vida pueda ser sostenida. Y cuando digo nuestra vida es nuestra vida, no nuestra vida cristiana, es decir, nuestro trabajo, nuestras familias, donde la vida pueda ser hermosa. Porque, habiendo encontrado una Compañía y un amor sin límites, el corazón se ensancha, y desea también darse sin límites y ser un regalo y un don para aquellas personas que te cruzas en el camino. (...)

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