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Carta sobre la Casa de Marginados sin Hogar "Madre del Redentor"

Fecha: 27/03/2001. Publicado en: Boletín Oficial de la Diócesis de Córdoba, I-VI de 2001. Pág. 191



A los Sacerdotes, a las Parroquias e Iglesias,
A las Comunidades Religiosas y otros grupos de vida consagrada,
A los Movimientos, Comunidades y Asociaciones de fieles,
A las Hermandades y Cofradías,
A los Colegios Católicos,
A todos los fieles cristianos de la Diócesis.

Queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, queridos diocesanos:


1. Hoy me dirijo a vosotros para dar las gracias por vuestra contribución a la construcción de la Casa para marginados sin hogar “Madre del Redentor” ya felizmente terminada, y dispuesta para comenzar a recibir en breve plazo a nuestros hermanos sin techo.

Como os decía en mi carta pastoral con motivo de la clausura del Gran Jubileo “los ladrillos y las estructuras de esa Casa llevan, en efecto, la marca “del óbolo de la viuda” del Evangelio (cf. Mc. 12, 41-44p.). Como puede ver todo el que entre en ella, “la casa es, sobre todo, un signo de nuestra gratitud a Cristo, y del amor por el hombre que nace del encuentro con Cristo”.

Todo el pueblo cristiano de la diócesis de Córdoba ha contribuido a su construcción. Conozco la generosidad de muchos sacerdotes y fieles cristianos, así como de tantas instituciones de la Iglesia Diocesana: el Cabildo Catedral, las parroquias, las comunidades religiosas, las asociaciones de fieles, comunidades, grupos y movimientos, las hermandades y cofradías, los colegios católicos. La generosidad de muchos otros fieles sólo la conoce Dios. Todos habéis hecho posible que la Casa sea una obra de amor, un fruto de la comunión de la Iglesia diocesana. El Señor, que prometió que ni siquiera un vaso de agua quedaría sin recompensa (cf. Mt 10, 42) pagará como sólo Él sabe hacerlo vuestros dones.

2. Una vez construida la Casa, se trata de sostenerla, de forma que en ella resplandezca el mismo espíritu con que la hemos levantado entre todos. El presupuesto anual de mantenimiento de la Casa se estima en unos cincuenta millones de pesetas anuales. Y es evidente que las personas acogidas a ella, marginados sin hogar que nada tienen, no pueden en este caso contribuir en modo alguno a su sostenimiento, por lo que ese sostenimiento ha de seguir siendo obra del interés y de la gratuidad de todos.

En este sentido, tengo la satisfacción de comunicaros que la dirección y la gestión de la Casa para marginados sin hogar ha sido ya confiada a la Congregación de Hermanas Mercedarias de la Caridad, una Congregación religiosa ya conocida y muy querida en Córdoba, con la que he firmado un convenio de colaboración el pasado día 23 de marzo. Una comunidad de religiosas, pues, dará calor de hogar a todo el que acuda a la Casa en busca de alimento, cobijo, y el afecto imprescindible para reconocer la dignidad de la propia vida. Mi gratitud a la Congregación Mercedaria expresa la satisfacción de toda la Diócesis al poner en manos de esta comunidad religiosa una obra tan apreciada por todos.

Para el sostenimiento material de la Casa “Madre del Redentor” he erigido una fundación eclesial con la colaboración del Cabildo Catedral, que ha querido sumarse gustoso a esta buena obra. La fundación lleva por nombre “Fundación Obispo Fray Albino”, y con ese nombre he querido estimular vuestra caridad con la memoria de aquel pastor que tantas casas construyó en nuestra ciudad de Córdoba para las familias necesitadas de un hogar. El fin de esta Fundación, en cuyo Patronato, además del Cabildo, están presentes Cáritas Diocesana y la propia Congregación de las Hermanas Mercedarias, es sostener la Casa para marginados sin hogar “Madre del Redentor”, recabando las ayudas necesarias de personas e instituciones.

3. Todos podéis, por tanto, seguir colaborando en esta obra a través de vuestros donativos y aportaciones, y os invito encarecidamente a que lo hagáis. Recordad la palabra del Señor: “Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos” (Lc 14, 12-14). La Casa “Madre del Redentor” quiere ser una respuesta de la Diócesis a esta palabra del Señor. En ella se expresa, en efecto, esa gratuidad que es el alma de toda obra genuinamente cristiana, y de la actitud cristiana ante la vida. La gratuidad expresa el agradecimiento hacia el que nos ha dado todo, hasta su propia vida, sin más mérito nuestro que su gracia.

Así nos lo recuerda también el Santo Padre Juan Pablo II, en su preciosa Carta Apostólica Novo millennio ineunte, (“Al comienzo de un nuevo milenio”), en la que nos presenta el horizonte de la identidad y la misión de la Iglesia en esta hora de la historia. En esta carta, el Papa nos urge -como fruto del encuentro con Cristo- a recuperar la caridad: “A partir de la comunión intraeclesial, la caridad se abre por su naturaleza al servicio universal, proyectándonos hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano. Por eso tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como “en su casa” (n° 49-50). Son orientaciones llenas de luz y de verdad que estimulan el camino de la Iglesia, que sólo puede ser el camino de la caridad, el camino del amor concreto y gratuito por el destino y la verdad de cada hombre y de cada mujer.

4. Muchas personas, a título individual, así como instituciones, por ejemplo, parroquias y cofradías, me han preguntado en estos meses cómo podrían seguir ayudando a la Casa, mediante donativos en metálico o en especie, o aportando su tiempo o voluntarios para ayudar a la misión de la Casa.

Para los donativos, el cauce a través del cual todos podéis seguir haciendo vuestras aportaciones para el mantenimiento de la Casa seguirá siendo la c/c 2024-0004-67-3300015069, de CajaSur, a nombre de “Obispado de Córdoba. Casa de transeúntes”. Para otro tipo de ayudas o colaboraciones, es preciso dirigirse ya a la hermana Rosa Martínez Martínez, Religiosa Mercedaria de la Caridad, Directora de la Casa para Marginados sin Hogar “Madre del Redentor”.

Suplico a Santa María, Madre del Redentor, bajo cuya advocación hemos puesto la casa para marginados sin hogar, que interceda por nuestra Iglesia de Córdoba, haciendo posible que “la caridad de las obras” corrobore “la caridad de las palabras” entre nosotros.

Que el Señor os conceda a todos su bendición y su paz.

Con todo afecto,

† Javier Martínez
Obispo de Córdoba

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