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Misa de inauguración de los actos de la Coronación de Nuestra Señora del Socorro

Plaza de la Corredera

Fecha: 22/09/2002. Publicado en: Boletín Oficial de la Diócesis de Córdoba, VII-IX de 2002. Pág. 111



Muy queridos hermanos, sacerdotes, querido Hermano Mayor, Junta de gobierno de la Hermandad de la Virgen de Socorro, Presidente y representantes de la Agrupación de Cofradías.

Queridos enfermos y queridos hermanos y amigos, vecinos del barrio o simplemente curiosos que os habéis unido a esta celebración por devoción a la Virgen o para participar de este momento de alegría junto con nosotros; hermanos y amigos todos.

Estamos celebrando un momento grande en la vida de nuestra ciudad y en la vida de nuestra Diócesis. Poder celebrar esta Eucaristía aquí, esta mañana, e inaugurar con la fiesta de Regla de este año de la Virgen del Socorro ese camino de preparación exterior, y sobre todo de preparación de nuestros corazones, a la Gracia que es la Coronación Canónica de la Virgen del Socorro. Para mí es una alegría también muy grande que la primera Coronación Canónica que hacemos en este tercer milenio cristiano, después del gran Jubileo del año 2000, sea la de la Virgen del Socorro. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la Virgen del Socorro expresa algo que es esencial a una cultura. Una cultura significa un modo de estar, un modo de vivir auténticamente cristiano que coincide totalmente con los caminos que el Papa ha trazado para el pueblo cristiano al comienzo de este tercer milenio. Coincide también con las Orientaciones que, siguiendo sencillamente y glosando las indicaciones del Papa, yo quisiera para la Diócesis, que además son los mejores caminos que podemos desear para el mundo.

¿A qué me refiero? Pues justamente a un modo de estar en la vida donde los hombres nos veamos unos a otros compadecidos los unos de los dolores de los otros, tomando en serio la realidad de que somos hermanos y de que estamos en la vida para ayudarnos como podamos, y que la vida es verdaderamente bella y humana y grande, y hay progreso verdadero, justamente, cuando nos miramos con amor. Cualquier otro punto de partida termina haciendo de la vida humana una cosa durísima y, al final, terrible para nosotros mismos.

En ese sentido, el Papa ha invitado a decir, para esta hora de la historia, que la Iglesia, si quiere anunciar a Cristo, tiene que ser portadora de una cultura de la caridad, es decir, de un modo de estar en la vida donde nos importe la alegría y el bien de las personas que el Señor nos pone en nuestro camino. Que nos importe el bien de cada persona, que nos importe el bien del matrimonio, el bien de la familia, que nos importe el bien de los niños, el bien de los jóvenes, que busquemos el bien de cada uno y que podamos expresar ese amor que es el contenido mismo de la vida humana, lo que hace de la vida humana algo grande y bello que podamos expresarlo justamente, me dejáis usar la palabra “Socorro”, en esa actitud de disposición siempre a socorrer ayudar al que tenemos al lado y lo necesita. A esa disposición también a pedir ayuda con confianza cuando lo necesitamos, a mi me da mucha alegría siempre…hay una parte de la misa al principio que es cuando pedimos perdón y fijaros no es por decir hay que ver aquí estamos siempre recordando nuestros pecados y nuestros pecados ya sabemos que los tenemos, lo grande ¡Dios Mío! lo que es una novedad no es recordar que tenemos pecados, eso ya lo sabemos, lo grande es recordar que tenemos alguien a quien pedirle perdón. Porque que los seres humanos hacemos cosas mal lo sabemos, que la vida es dura lo sabemos, que hemos metido la pata todos mil veces, que hemos hecho daño justamente a las personas que más queremos a las que tenemos cerca, no hacemos daño a los de lejos, que nos hacemos daño unos a otros ya lo sabemos. Lo grande no es un ideal donde uno diga pues vamos a ser perfectos, no vamos a tener ningún defecto ¡pues si eso no podemos los seres humanos! ¡Si no somos así! Lo grande es que pueda haber alguien que pueda haber una misericordia a la que uno pueda acudir y pueda decir Señor ten piedad, ten misericordia, socórrenos, ayúdanos, nosotros no sabemos vivir, nosotros no sabemos querernos. Ni el hombre y la mujer saben quererse, Tú nos tienes que enseñar, Tú nos tienes que dar la capacidad de misericordia para perdonarnos unos a otros, para ayudarnos unos a otros. Yo os aseguro que sobre este principio que no está en nuestra mano, que no es una cosa de decir vamos a proponernos construirlo nosotros, si fuera posible a los hombres ya lo habríamos construido porque la vida humana, todos nos damos cuenta que la vida humana así sería preciosa, sólo con la Gracia de Dios sólo cuando uno es capaz de pedir misericordia, sólo cuando uno es capaz de pedir perdón y de dar perdón, sólo cuando uno es capaz de construir la vida humana sobre la experiencia de una misericordia “Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos” ¡Sólo sobre eso se puede construir una sociedad!, que camina hacia un bien más grande que progresa hacia un bien más integral, más autentico, más verdadero. que se construye sobre la verdad de lo que somos y no sobre utopías.

En ese sentido curiosamente el Evangelio de hoy nos ayuda en la comprensión profunda de esta especie de cultura de la misericordia, de cultura de la caridad que es el sello, el signo si queréis, la denominación de origen de un cristiano de verdad. Donde hay misericordia está Dios. Un viejo canto de hace muchos siglos en la Iglesia “donde hay amor, donde hay gratuidad, donde hay caridad allí está Dios”. Allí está Dios siempre porque todo amor verdadero es un signo de Dios y toda falta de amor es un signo de la muerte, del pecado, de la mentira, por eso os decía que el Evangelio de la misa de hoy que es el que toca hoy que no es escogido especialmente para esta fiesta es un canto revolucionario diría yo, a la misericordia de Dios. A que ¿cada vez que habéis leído ese Evangelio de los que salen a distintas horas habéis dicho “Aquí vamos como que le fastidia a uno un poquito ¿no? Señor. Sobre todo si uno piensa que es de los de la primera hora y ¿qué pasa? que a los que estamos trabajando aquí desde el principio ¡qué! Nos parece como si Dios fuera injusto. De hecho el mismo Jesús a la hora de presentar a Dios en ese hombre que contrata a diversos trabajadores para su viña, al final tiene que decir que yo no estoy haciendo ninguna injusticia que yo te he dado lo que había acordado contigo. ¿Qué es lo que nos escandaliza de ese Evangelio? La misericordia. El Evangelio ese va dirigido directamente a los fariseos que decían nosotros somos los buenos, nosotros tenemos el derecho de juzgar a los demás a nosotros Dios nos tiene que pagar todo lo que hemos hecho por Él, que es portarnos bien que es cumplir los mandamientos que no es otra cosa; mientras que esos sinvergüenzas, pecadores…Y Jesús se dirigía a esos sinvergüenzas, pecadores y los quería, y les decía que Dios les quería y entraba en sus casas y eso les ponía muy nerviosos a aquellos fariseos de entonces. Y la parábola viene a responder a eso, es decir, pero si Dios va a ser justo con vosotros, si habéis obrado bien para qué os vais a negar a qué el Señor dé más a quién quiera, a que el Señor dé sin límites, a que el Señor sea un derrochón de amor.¿Por qué, porque uno haya experimentado el amor de Dios va a cerrar la puerta a que otros puedan disfrutarlo? Hombre por justicia, si yo llevo toda la vida trabajando para el Señor espero que el Señor me de más. Y ahí es donde el Señor dice que los caminos de Dios no son nuestros caminos. Pero además os engañáis porque el mayor engaño es creerse que uno no tiene necesidad de misericordia de Dios, o sea el mayor engaño es creerse que uno puede ponerse ante Dios y decirle oye que como soy bueno me tienes a mi que dar. Pero si los seres humanos nos llevamos todos el canto de un duro, si los seres humanos somos todos… ¡Quién pudiera! Ese es un mensaje constante de Jesús, digo que es un mensaje revolucionario, es un mensaje constante: “el que esté limpio de pecado, el que este libre de pecado que tire la primera piedra y bajaron la cabeza”. Naturalmente que sí, porque no hay nadie que podamos presentarnos ante Dios diciendo: Tú, págame lo que hago por ti. Lo que hemos hecho nosotros, pero ¿qué hacemos? Pues si todo lo que somos lo hemos recibido y ahí Dios se revela, en esta parábola que nos escandaliza. Dios se revela como misericordia desbordante. Yo doy gracias al Señor porque su misericordia sea desbordante, porque si su misericordia no fuera si Dios fuera sólo justicia, o mejor dicho como dice San Juan en una de sus cartas “si su justicia no fuera su misericordia”, yo estaba perdido, yo no podría esperar la salvación, porque Dios es misericordioso yo la pido para mi y para todos, para todos, y porque un Evangelio como este me dice que la misericordia de Dios es desbordante, no tiene límites, pues me da alegría porque entonces hay una esperanza para nuestro mundo porque entonces uno puede esperar la salvación de todos, uno puede esperar que el cielo sea cielo, es decir, que no nos falte allí nadie.

Por eso el Evangelio de hoy es una buena noticia, es una buena noticia para todos, porque nos proclama que Dios es un amor sin límite que Dios es misericordia sin límites que Dios es injusto, si queréis, no porque no sea justo sino porque su justicia tiene la forma de una misericordia que no pone condiciones. Como la del padre del hijo pródigo, ningún padre en tiempo de Jesús hubiera recibido a un hijo que se hubiese ido a ser pastor de cerdos, eso era como renegar de su tradición, de su pueblo, de su pertenencia, de todo. Y el padre lo espera todos los días y cuando lo ve venir corre a darle un abrazo. Ese es nuestro Dios. Y yo os digo, ese es el fundamento también de una vida verdaderamente humana. ¡Claro que es necesario que las relaciones humanas sean justas! Pero no hay justicia si en el corazón de las relaciones humanas no se introduce el perdón y la misericordia. Quienes estáis casados lo sabéis muy bien, si quisierais arreglar vuestras diferencias o vuestros momentos de dificultad tratando de ver que es lo justo y quién tenía razón ¿a que no acabáis nunca de discutir? Alguien tiene que perdonar en algún momento, alguien tiene que dar el brazo a torcer, alguien tiene que decir bueno pues sí no tengo razón, pero miradlo si queréis, tenemos el ejemplo estos días estos años, trágico en Palestina y en Israel cuando se quiere construir una historia sobre la justicia, sobre la ley de Talión, sobre el ojo por ojo y diente por diente. No hay manera de que haya paz, no puede haberla a menos que alguien empiece a perdonar. Porque la sucesión de las violencias y a cada violencia hay que a pagarla con otra nueva violencia y eso no puede traer más que un río de sangre y de dolor y de muerte. Y eso mismo lo experimentamos en pequeño todos en nuestra vida. Una justicia sin misericordia es una bestia rabiosa, es una fiera rabiosa que devora a los hombres, nosotros damos gracias a Dios, pero damos gracias a Dios de una manera sencilla, pequeña, porque en Jesucristo hemos conocido la fuente de la misericordia, hemos conocido que Dios es misericordia y que por tanto es posible construir la vida humana: el matrimonio, la familia, la convivencia, las relaciones entre padres e hijos, entre vecinos, la ciudad, la polis. Es posible construirlo todo de un modo donde esta presente la misericordia, donde esta presente la piedad, por esta realidad grande infinitamente grande y al mismo tiempo infinitamente miserable y pequeña que es el ser humano, que somos cada uno de nosotros. Donde hay eso se puede caminar juntos hacia algo mejor, donde no hay eso al final vivir se hace durísimo porque todos hemos hecho daño a alguien, porque todos recibimos el daño de alguien inevitable, entonces se hace imposible vivir con alegría.

Por eso le damos gracias al Señor esta mañana y le damos gracias al Señor por habernos entregado a su madre y le pedimos a la Virgen del Socorro: Señor porque queremos nuestra vida, porque queremos a las personas que tenemos cerca, porque queremos a nuestra ciudad haz que florezca en nosotros ese deseo de construir la vida de este modo, sobre el amor, sobre el respeto, sobre el afecto, sobre el perdón, sobre la misericordia que nos permite caminar juntos como hermanos. Más allá de todas las diferencias que los hombres ponemos entre unos y otros, más allá entre la diferencia más terrible, que es la que el Señor pone el dedo en llaga del Evangelio, la de creernos que nosotros somos buenos y que hay otros que son malos. Por encima de todas esas diferencias, es posible cuando uno tiene la experiencia de verdad del amor de Dios, empezará a mirar a todo ser humano como un hermano como un compañero de camino y con misericordia de unos para otros ayudarnos.

Yo diría para los enfermos este mensaje es especialmente grande, porque la condición de enfermedad, que es una condición de todos hoy estáis algunos aquí, pero otros que no estamos pues estaremos más tarde o más temprano, nos acompaña en la vida. No es que la enfermedad sea un bien, la enfermedad no es un bien, lo que es un bien es conocer a Jesucristo y poder saber que el amor de Dios no tiene limites en medio de la enfermedad, saber que el Señor nos quiere, que Jesucristo os quiere que está siempre a vuestro lado. Yo llevo todo este año, bueno ya llevo desde el año del Jubileo, haciendo Visita Pastoral y, en los pueblos visito todos los enfermos que puedo. No hace mucho en una aldeita muy pequeña me preguntaban: “¿Y dónde va usted ahora?” y yo les dije: “Pues voy a ver a Jesucristo” y se creyeron que iba a la ermita a ver alguna imagen o así. “No, no, voy a visitar enfermos. Igual que acompañamos a la imagen de Cristo en las procesiones o la imagen de la Virgen que la hemos acompañado esta mañana, yo quiero ir a ver a mi Señor que está de carne y hueso en aquel que está postrado, y que sufre. Y estaba haciendo el recorrido esa mañana de la misma manera que uno recorre las estaciones del Vía Crucis, o como uno recorre las Iglesias para ver las imágenes en un día de fiesta o las estaciones en un Jueves Santo. Yo iba a ver a mi Señor, a mi Señor que está en la carne de mis hermanos porque somos miembros de Cristo y Cristo está más cerca del que más sufre del que más le duele del que más lo necesita. Jesús parte del anuncio de su misericordia que es lo que más necesitamos los hombres.

Perdonad que me alargue pero vamos a darle gracias a Dios por esta cercanía del Señor por la misericordia del Señor que todos necesitamos. Vamos a darle gracias por estar en esta vida sabiendo que hay alguien a quien podemos pedirle perdón, que hay alguien que está deseando darnos el perdón que le pedimos, que hay alguien que nos ama por encima de todas nuestras pequeñeces y de nuestras torpezas que nos ama como somos, que nos quiere como somos. Dios nos quiere como somos. Dios os quiere como sois hijos míos. Poder construir la vida sobre esto es poder construirla de un modo que no está abocado inexorablemente a la desesperación. Es poder vivirla con esperanza, con alegría, en medio del dolor que nos acompaña en la vida en medio de la enfermedad, pero con alegría, con la alegría de estar sostenidos y acompañados por un amor que no acaba nunca y que no puede destruir ni siquiera la muerte. Esa es nuestra Fe, esa es nuestra esperanza y esa es la posibilidad incluso de construir un mundo a la medida del corazón humano.


Antes de la Bendición Final:

Antes de terminar con la bendición se van a imponer algunas medallas. Yo también quisiera corregir un error mío de antes y añadir una pequeña cosa a la homilía. Corregir un error yo no he mencionado, no me he dado cuenta de que estaban aquí presentes los representantes del Ayuntamiento y luego cuando he bajado a dar la paz he visto que estaban ahí, quiero dar las gracias al Ayuntamiento, ya comprendéis que sin su colaboración no estaríamos aquí celebrando esta Eucaristía y se las doy de todo corazón.

Y la segunda cosa es que me quedo siempre con la preocupación de que si me ido mucho por las nubes al decir lo de la cultura de la caridad y esas cosas cuando vosotros tenéis experiencia de lo que eso significa en concreto. Yo recuerdo la primera vez que yo vine a celebrar a la ermita del Socorro la fiesta de Regla, pues la sorpresa que me llevé de ver no con el primor de cómo estaban colocadas la cantidad de ofrendas sencillas anónimas, humildes de un montón de gente del barrio, eso es la cultura de la caridad y esa capacidad esa generosidad enorme de la cual vosotros tenéis una enorme experiencia. ¡Dios Mío!

Yo no quería deciros esta mañana nada más que con la ayuda de la Virgen y especialmente en este año donde nos ponemos en camino para la Coronación pues que ella nos ayude, que el Señor nos ayude por su intersección a vivir más eso y a vivirlo en todas las dimensiones de la vida. Porque no es algo que haya de empezar como de cero, si tenéis una larga historia de generosidad! Si el pueblo Cordobés es conmovedor en ese sentido. Y dejarme decirlo de otra manera eso me da una enorme esperanza, porque no son los poderosos los que hacen la historia, no os lo creáis. Eso no es así. Es el pueblo quien la hace. Y cuando un pueblo quiere vivir de una determinada manera, es decir, cuando un pueblo pone el amor como contenido y centro y razón de la vida y conscientemente y libremente a pesar de todas las dificultades, las propias y las del entorno, se pone a vivir así eso es invencible, eso lo sostiene Dios. Eso es invencible. Y eso que los cordobeses decís “Es que somos muy senequistas, nosotros no nos movemos”. ¡Mentira! Lo decís así para poder iros de perol nada más, pero que es una excusa. Que cuando queréis una cosa lucháis por ella ¡Dios Mío! Me da casi vergüenza decir lucháis porque me siento ya…Luchamos por ella, que cuando amáis las cosas tenéis una generosidad, una disponibilidad y una creatividad preciosas. Si lo de senequistas os sigue sirviendo de excusa no digo yo que no lo uséis pero no es verdad. Sois otra cosa. Sois mucho mejor que senequistas-pasotas. ¡Vamos que no! Si un pueblo a mi me da una enorme esperanza, si un pueblo tiene la capacidad de amor, de generosidad que yo he conocido en tantas familias sencillas, humildes en el seno de la vida cotidiana, en la forma de vivir un pueblo, eso le permite a uno mirar con esperanza al futuro. Esa es la esperanza si nos ponemos en las manos de Dios y contamos con la protección y con la intersección de la Virgen del Socorro.

Nada más, que me quedaba yo con ganas de deciros esto y que también hay que darle las gracias a la Virgen por la mañana que no ha regalado, que es de lujo.

Vamos a imponer las medallas y terminamos con la bendición.

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