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Adiós y hasta pronto, querido Padre Méndez

Fecha: 15/04/2006. Publicado en: Semanario diocesano de Granada y Guadix, Fiesta



Adiós, porque a Dios te confiamos, quien hoy pobremente preside y guía a esta porción de su Iglesia que el Señor puso en tus manos, y tu clero y tus fieles, que por casi veinte años han conocido tu caridad pastoral, tus desvelos y tu afecto. Te confiamos al Padre, fuente de toda paternidad, también de tu paternidad sacerdotal, tan fecunda y tan grande que todos te llamábamos “Padre Méndez”. Te confiamos a Jesucristo, el Hijo de Dios, que derramó su sangre por ti, que te llamó al bautismo y al orden sacerdotal, que te hizo pastor de una grey  numerosa y bella. Suplicamos que el Espíritu Santo, que el Señor Jesucristo te dio tan abundantemente en tu vida de cristiano y de pastor, sea también hoy tu Defensor y tu Abogado. “Sé de quien me he fiado”, decía tu lema episcopal. Y el Señor, que es fiel, y que es generoso sin medida, te concederá la recompensa prometida a los siervos buenos y fieles. Has guiado a la Iglesia de Granada en los tiempos difíciles del primer post-concilio y de la transición cultural y política, y has entregado a tus sucesores el mejor patrimonio: un pueblo cristiano conmovedor por su amor a Jesucristo, que se sabe hijo de la Virgen Inmaculada y protegido por su intercesión, y que siente con pasión los males de los hombres y del mundo. 

Hasta pronto, porque esta peregrinación nuestra es breve, y enseguida, por la gracia y la misericordia del Señor, Dios nos reunirá junto a Él, en la casa paterna, en el hogar al que verdaderamente pertenecemos, en el banquete del Reino, en el Cielo. Mientras tanto, unidos en la comunión de los santos, pedimos unos por otros, y nosotros, tus granadinos, pedimos también por tu alma, pastor bueno que has querido a quienes el Señor te confió con todo tu corazón grande y humilde.

Ese corazón grande y humilde es la experiencia de todos los que te han tratado. Mil testimonios he tenido yo de ello en estos casi tres años en Granada. Testimonios de sacerdotes, de religiosos y religiosas, de fieles cristianos, objeto de tu afecto paternal. Yo te conocía de la Conferencia Episcopal, y también allí eran patentes tu bondad con todos, tu corazón sensible, tu exquisita delicadeza.

El Señor ha escogido para llamarte un día precioso: el Sábado Santo, cuando la Iglesia conmemora en silencio la muerte de Cristo y se prepara para la resurrección del Señor. Que el Buen Pastor te asocie a su triunfo sobre la muerte, te abra de par en par las puertas del Reino y te colme de gozo con la participación en su gloria.

Adiós y hasta pronto, Padre Méndez.

† Javier Martínez
Arzobispo de Granada

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