Inicio arrow Docs arrowEscritos pastorales

Imprimir Documento PDF
 

Entrevista en La Tarde con Cristina

Cadena COPE

Fecha: 15/03/2007. Publicado en: Boletín Oficial del Arzobispado de Granada. Nº 86-91. p. 318



D. Francisco Javier, muy buenas tardes.


Buenas tardes, Cristina.

Bienvenido a La Tarde con Cristina.

Gracias.

Yo estoy segura de que Inmaculada [Echevarría] está en el Cielo (muchos oyentes de COPE han rezado por ella), y que ahora mismo nos puede oír. ¿Cuál es su posición ante la noticia de su muerte?

La primera es la de un gran dolor. Y, además, como había llegado a ser alguien extraordinariamente cercano y querido, muy cercana y muy querida, es el dolor de haber perdido a alguien. Y, al mismo tiempo, la confianza en la infinita misericordia de Dios, que es el único que conoce el fondo de los corazones y, por tanto, es el único juzga. Y sabemos que ese juicio es un juicio lleno de amor y de misericordia. Lo digo por ella, y lo digo por mí y por todos.

En ese sentido, hay el dolor de una separación, de una muerte que uno hubiera deseado evitar. Yo deseo que mi propia vida pueda servir para que todas las personas que el Señor me conceda encontrarme puedan vivir la vida como un don, como una gracia, y, por lo tanto, como algo que uno recibe de otro como una ocasión para amar y para ser amado, de tal manera que una decisión como ésta no se termine imponiendo a la conciencia, porque es siempre una decisión equivocada. La decisión de quitarse la vida es una decisión terrible, que supone siempre detrás un sufrimiento que yo creo que es lo que se nos ha censurado en toda esta historia. Se pintan estas historias como si fueran una afirmación de la libertad, o historias de Blancanieves y los siete enanitos, pero son historias de un sufrimiento terrible, que se nos oculta en muchos casos y en muchas dimensiones. Y si uno tuviera la experiencia de la Redención de Jesucristo de una manera clara (y a eso deseo que sirva mi vida), terminarían no siendo posibles, porque entonces uno vive la vida con una gratitud muy grande, aunque haya en ella todo el dolor del mundo por mil razones de la miseria humana o de las circunstancias difíciles que uno no tiene por qué entender siempre. Pero, cuando uno tiene fe, sabe que hay alguien cuyo amor no te falta nunca, cuya compañía no te falta nunca, y, por lo tanto, la vida es como un don sagrado, precioso, y tu misión es cuidarla y amarla.

Yo siento que en nuestra cultura, en la soledad humana y en el sufrimiento humano (siento muchísimo que en el caso de Inmaculada se haya hecho un show, y se haya explotado tan miserablemente una situación tan dolorosa), haya verdaderos comandos de la muerte de personas que, bajo la capa de defender la libertad, lo que hacen, sencillamente, es generar en el corazón un odio a la vida, al servicio de instancias de poder, sin duda, para quienes esas vidas son poco rentables. Ése es el fondo del problema.

Hay una cosa bella, D. Javier, perdone que le interrumpa. Yo sé que tanto Vd. como los sacerdotes de la Diócesis, y como las personas buenas de Granada, han hecho muchas cosas por Inmaculada y le han ofrecido muchas salidas. ¿Qué posibilidades le ofrecieron?

La posibilidad de ciertos lugares de la Iglesia donde ella podía haber continuado. Yo le hice llegar el ofrecimiento de mi propia casa, si quería estar en ella. Y yo le he dicho muchas veces al Señor que le ofrecía mi vida para que ella, y otros como ella, pudieran vivir con alegría y con gratitud la propia vida.

Eso no me induce a juzgar para nada ni la conciencia ni el corazón de Inmaculada, al que sólo Dios tiene acceso. Yo sé que Dios lo mira con una ternura infinita. Yo me quejo a veces, y grito en mi interior, y mi vida ha sido una maravilla, humanamente hablando, en todos los sentidos, y, por lo tanto, no me atrevería a juzgar nada de su corazón. Yo sé que el amor de Dios por ella (es Jesucristo el que ha derramado su sangre por ella) es tan fuerte que tengo una plena confianza de que la ha recibido en el Cielo con los brazos abiertos. Y pido al Señor por ello. Pido por ella y por la familia de Zaragoza, por su hijo. Porque el dolor más terrible es para las personas que han estado cerca. Yo veía anoche, cuando salía del hospital, a una enfermera que ha estado relativamente cerca de Inmaculada, y puedo decir que el rostro de esa mujer expresaba una perplejidad, un sufrimiento, un dolor enorme.

Hay una cosa muy injusta en el diario El País hoy, y rara vez (lo saben los oyentes de La Tarde) pongo nombre a las cosas que me irritan de otros medios de comunicación, porque entiendo que la pluralidad de ideas enriquece la libertad de pensamiento, y me gusta que haya gente que piense y escriba de forma distinta a mí, pero hoy lo tengo que decir. El diario El País explica y escribe una cosa muy injusta en esa entrevista. Porque acabamos de oír decir al Arzobispo de Granada que había ofrecido su casa, atención, y su vida. Y esto no son tonterías. Y en esa entrevista, se le pregunta a la enferma: “los curas están un poco enfadados”. Y ella dice: “¿Por qué?”. Y le dicen: “porque no ven bien que te desconecten. Dicen que va contra la ley de Dios”. Me parece, para empezar, una calumnia, porque yo no he visto ni oído a ningún cura enfadado. Y, en segundo lugar, porque me parece una simplicidad decir que a Inmaculada se le decía que no se le podía desconectar por iba contra la ley de Dios. ¿Qué comenta Vd. a este respecto?

Pues que, por lo que yo sé, eso no se lo ha dicho nadie, ni ningún cristiano que se precie. Evidentemente, la Iglesia rechaza la eutanasia, porque es un mal. Pero, ante la persona que está frente a la vida o la muerte, lo único que podemos hacer es abrazarla. Precisamente, en la homilía del domingo pasado en la Catedral, yo pude decir     que no es la misión de la Iglesia juzgar a las personas. Nuestra misión es salvar, por lo tanto, ofrecer aquellos caminos que permitan vivir, y vivir con gratitud, porque Cristo ha derramado su sangre para eso, para que los hombres podamos vivir con gratitud, suceda lo que suceda en la vida. Luego, el misterio de su alma y de su corazón pertenece sólo a Dios. Gracias a Dios. Porque Dios la trata infinitamente mejor que los hombres y, desde luego, infinitamente mejor que esas ciertas personas que se hacen pasar por amigos y lo único que desean es tu muerte y explotar tu muerte comercialmente o en plan de propaganda.

D. Javier Martínez, muchísimas gracias por haber estado ahí, gracias también por haberlo hecho con la discreción que lo ha hecho (no le he visto aparecer en ningún medio de comunicación haciendo declaraciones), por haber hecho estas ofertas buenas a Inmaculada, incluida la de su casa, y por abrazarla hasta el final, afirmando el valor de su vida incluso después de su muerte. Muchas gracias. Y si alguna vez estoy yo en la situación de Inmaculada, ande Vd. cerca, y evite que estén los de la DMD (Derecho a una Muerte Digna), por favor. Un abrazo fuerte.

Dios te lo pague, Cristina. Adiós

arriba ⇑