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Homilía en la Fiesta de la Sagrada Familia

Homilía en la Basílica de las Angustias con la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar, con motivo de la Jornada de la Sagrada Familia.

Fecha: 28/12/2013

Homilía de Mons. Javier Martínez, Arzobispo de Granada, pronunciada en la Eucaristía celebrada con motivo de la Jornada de la Sagrada Familia, con la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar de Granada, el pasado 28 de diciembre en la Basílica de la Virgen de las Angustias.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa de Nuestro Señor Jesucristo, muy queridos sacerdotes concelebrantes, queridos matrimonios, que nos reunimos para dar gracias porque estáis celebrando en estos meses vuestras bodas de plata y vuestras bodas de oro, queridos amigos todos:

La verdad es que la Fiesta de la Sagrada Familia se deriva espontáneamente del acontecimiento de la Navidad: Dios se ha hecho hombre, se ha querido hacer hombre porque ha sido acogido en una familia humana, porque ha sido recibido por una mujer que lo ha podido criar y alimentar y nutrir y enseñar los primeros pasos en la vida, y porque ha habido un padre cuyo trabajo también ha servido para sostener esa familia. No habría posibilidad de una Encarnación verdadera si Jesús no hubiese venido a una familia humana, si no lo hubiese acogido una familia humana.

Pero al mismo tiempo, ese hecho nos revela, diríamos, el fondo último de la vida familiar y el sentido para lo que existe la familia en la creación, y existe justamente para poder acoger el misterio de Dios en ella, porque sin el misterio de Dios nuestra vida, nuestra humanidad se queda como troncada, como si le faltara algo, como muerta en un cierto modo.

Y es muy interesante esta idea, vivirlo así porque si aceptamos que el hecho de la familia es un hecho meramente humano, el amor de nuestros cuerpos ha sido creado con toda delicadeza y con toda la ternura del Señor justamente para que pudiéramos comprender como Dios es amor, la vida familiar ha sido creada por el Señor para que pudiéramos comprender que el amor es fecundo.

Y en segundo lugar, a quien acogemos cuando se acoge en casa es a Dios y que cuando nos acogemos unos a otros en general, estamos acogiendo a Dios, acogiendo el designio bueno de Dios para nuestras vidas, acogiendo a Cristo desde la Encarnación, el nombre de Dios hecho carne, el hombre de Dios cuya vida, cuya luz, cuya verdad hemos podido ver con nuestros ojos, oír con nuestros oídos y palpar con nuestras manos se llama Jesucristo.

Pero Jesucristo no está en las imágenes de las iglesias o está en nuestras mentes, sino Jesucristo está en el prójimo (...) y está en las relaciones que establecemos, en la medida siempre de Jesucristo, y sobre todo en aquella relación, aquel grupo de relaciones que determina todas las demás, la relación esponsal, al primero, el amor del hombre y la mujer, que repito, reflejo de la historia de la salvación está contada en términos de una historia de amor.

El Evangelio es buena noticia porque es el cumplimiento de esa historia de amor que anunció en llevar a los profetas, toda la historia de Israel la describen los profetas como la historia de un enamorado, de un enamorado de un pueblo pequeño, eso lo dice en alguna ocasión: no porque seas el más grande de los pueblos te ha elegido el Señor tu Dios, sino porque te amó el Señor tu Dios. No porque te has vestido de esa historia, una historia de amor tantas veces traicionado, y sin embargo, de un amor que siempre parte de Dios, fiel y gratuito. (...)

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

28 de diciembre de 2013
Basílica de la Virgen de las Angustias

Escuchar la homilía del Arzobispo

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