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La Iglesia: el camino hacia la libertad

R. Guardini

Fecha: 28/07/2008. Publicado en: Sentido de la Iglesia, Ed. Dinor, S. Sebastián (1964) pp.81-86



¿Qué es libertad? ¿Cómo es el hombre que la posee?
Ser libre significa no ser violentado desde fuera;
poder elegir, según la propia voluntad, entre posibilidades diversas.
Pero esto nada dice aún sobre el contenido pleno de la palabra.
Ser libre es aún mucho más.
Significa que el hombre es capaz de ver grande lo grande
y pequeño lo pequeño;
que para él no vale lo que carece de valor
y tiene valor lo que es valioso;
que lo mismo percibe correctamente
las diferencias que separan una cosa de otra,
una situación de otra,
que las relaciones y los límites de las cosas;
que distingue el orden jerárquico de los valores,
y sabe colocar los de ínfimo grado,
los valores supremos y todos los grados intermedios
en el puesto que les corresponde;
que concibe ideas puras,
pero contempla a la luz de ellas toda la realidad;
que ve la vida ordinaria con toda su dureza y sus deficiencias,
pero también sabe ver en ella lo eterno;
que el pensamiento no le impide ver la realidad
y que la vida ordinaria no le permite errar en el pensamiento;
que “puede mirar a las estrellas,
sin perder de vista el terreno que pisa”.
Adquiere su plenitud actuando en esta forma.
Todo esto es libertad.
Por consiguiente es algo poderoso, es plenitud última,
es la más perfecta mesura, verdad y paz.
Y con todo esto no hemos hablado aún
del aspecto más profundo de la libertad,
es decir, de que el hombre verdaderamente libre está abierto a Dios
y alcanza en Él la libertad su horizonte más grande.
Esta es la libertad para con Dios y en Dios.

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