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“El estado de gratitud y de alegría es el estado de vida del cristiano”

Homilía en la Santa Misa del sábado de la X semana del Tiempo Ordinario, el 13 de junio de 2020.

Fecha: 13/06/2020

 

Muy querida familia:


Qué precioso es poder comenzar el día con la celebración de la Eucaristía, y más con el Salmo que acabamos de decir, de proclamar, de hacer nuestro. “El Señor es el lote de mi heredad”. O sea, que no es que nos han tocado unos poquitos olivos en un haza por ahí en la Alpujarra. Que no es que nos han dado una medalla de la ciudad o cosas de ese tipo. Que no es que nos ha tocado el Premio Nobel. Que es que es Dios nuestra herencia. Sólo con caer en la cuenta de eso, nuestro corazón tendría que conmoverse de gratitud.

 

Señor, ¿qué hemos hecho nosotros para que Tú quieras ser el don de nuestra vida, el lote que me ha tocado? Qué suerte. Cuando habla de lote es porque todavía yo creo que las herencias se dividen en lotes, pero en la antigüedad era muy claro: a uno le tocaba el rebaño, a otro le tocaba las tierras, a otro la tienda y los adornos de la tienda Nuestro lote es el Señor. Y además, no tenemos que esperar años para que venga a nosotros y podamos gozar de ese lote, sino que esta misma mañana viene a nosotros, cada vez que celebramos la Eucaristía. Y viene para quedarse, para estar con nosotros, para acompañarnos a lo largo de todo el día. Si tuviéramos fe como un granito de mostaza (y hablo por mí, ¿eh?), Dios mío, viviríamos todo el día llenos de alegría. El estado de gratitud y de alegría es el estado de vida del cristiano. Porque las tristezas y los motivos de sufrimiento son siempre pasajeros, pero el amor del Señor dura por siempre y ese es nuestro lote. Lo tenemos, no porque lo hayamos merecido, (Dios mío, que no lo merecemos nadie), sino por la inmensidad de Tu Gracia y de Tu benevolencia con nosotros.

 

Dicho esto, que no podía dejar de decirlo con el Salmo que hemos rezado, que es un Salmo precioso. Quienes tienen costumbre de rezar la Liturgia de las Horas y si no la tenéis, a lo mejor merece la pena. Yo enseñaba a los jóvenes a rezar este Salmo en las Completas, como oración de la noche, todas las noches antes de irse a la cama, porque es un tesoro de Salmo y es un Salmo que la Iglesia suele rezar los jueves por la noche. Aprenderse “el Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en Tu mano, me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad, y mi carne descansa serena”. Se va uno a descansar sabiendo que está en las manos del Señor, y que todas nuestras cosas y nuestros asuntos están en sus manos, que no tenemos que vivir con la ansiedad…, como si nosotros fuéramos Dios, pobres de nosotros.

 

Celebramos hoy también un santo grande en la Historia de la Iglesia. Ciertamente, uno de los que más devoción han tenido. En ciertas zonas de Andalucía y en Italia, mucha de la evangelización de los siglos de finales de la Edad Media, la hicieron franciscanos. Entonces, san Antonio de Padua es un santo super venerado. En Córdoba solía yo decir “el que no se llama Rafael, se llama Antonio”. Atinaba la mitad de la veces, con decir “hola Rafael”, y me decía “me llamo Antonio”. Antonios los hay también, muchísimos, en Granada, y hoy hay varios pueblos que celebran hoy su fiesta. En Madrid era típico en este día ir a la ermita de san Antonio de la Florida, y decían que las modistillas, pero bueno, las chicas jóvenes (era la época del siglo XIX, que había modistillas, las chicas jóvenes, lo siguen habiendo), van a la ermita del santo y echan allí sus alfileres pidiéndole al santo que les consiga un buen novio. Parece una tontería y no lo es. Porque de las tareas importantes de la vida es poder encontrar a quién dársela. Si el Señor llama a que una se la demos a Él (a Él se la damos siempre, también en cualquier estado de vida), pero si uno va a compartir la vida con alguien, es muy importante que el novio sea bueno. Y el Señor tiene que ver con eso, como tiene que ver con todas las cosas de la vida. Y a veces, las chicas no se lo piden, no se les ocurre. Les parece que Dios es para rezar, pero no para la vida. No sé si san Antonio influye o no en eso, pero tiene fama de ser un buen intercesor. La gente también lo busca cuando ha perdido cosas.

 

Es uno de los primeros franciscanos y es el primer franciscano en ser sacerdote. Él era canónigo regular antes de conocer a san Francisco y, de hecho, san Francisco, consciente de que lo que estaban empezando ellos era una cosa muy bonita, muy carismática, muy bella, extraordinariamente bella pero muy anárquica, y que era necesario tener una formación teológica, le encargó a san Antonio que formase a los otros hermanos franciscanos en teología. Inició en ese modo una forma de teología más sensible a las necesidades humanas, que era por ejemplo la de los dominicos, que también había empezado siendo una respuesta a una necesidad, y que había empezado un poquito antes que san Francisco, pero que se había vuelto enseguida, al poco tiempo de entrar los dominicos en París, santo Tomás de Aquino tenía su cátedra en la Sorbona. Se hacía una enseñanza más sistemática. San Antonio y la teología franciscana, la de san Buenaventura, que fue contemporáneo prácticamente de santo Tomás, tenía un tono más afectivo, cuidaba más el corazón. Era más sensible, no sólo a la inteligencia, sino que el ser humano es inteligencia y es corazón, y tiene que tener también en cuenta el corazón, y los franciscanos mantuvieron el hilo de la tradición que venía de san Agustín. Ese “nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”, eso lo recoge san Buenaventura, lo recogen los primeros teólogos franciscanos, que son una gran belleza. Luego, tuvieron otros problemas después, pero san Antonio de Padua es un gran santo y lo celebramos, y Le pedimos. Y si tenéis hijos o hijas, Le pedís al Señor por ellos.

 

Luego, el Evangelio no tiene desperdicio: “Que vuestro hablar sea ‘sí, sí’, ‘no, no’ y todo lo que pase de ahí viene del Maligno”. La verdad, Dios mío. Dios es la verdad. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Por lo tanto, nunca poseemos la verdad. La verdad nunca es una cosa que tenemos, nuestra, como quien tiene un frigorífico, o un aparato de televisión, o una escoba, o una máquina de cualquier tipo, como quien tiene un objeto. Más bien se trata de que la verdad nos posea a nosotros. Si vamos a Jesucristo, dijo Él, y Le seguimos y Le escuchamos, “conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres”. Fijaros, la verdad es inseparable del bien y de la belleza. Y son tres atributos de Dios. Dios es la Suma Belleza. Dios es la libertad grande y absoluta. Pero no la libertad porque Dios haga lo que le dé la gana, sino porque Dios es la verdad también, pero la verdad, la libertad y la belleza van unidas. Me diréis: “Pero en los Evangelios y en la Biblia no se habla mucho de la belleza”. Sí, pero se habla mucho de la Gloria y la Gloria es la forma que tenía la antigüedad, tanto en el mundo judío como en la antigüedad cristiana, de hablar de la belleza. La Gloria es la belleza del Amor infinito de Dios. Esa es la Gloria de Dios. San Ireneo, un santo de los primeros siglos, del siglo II, decía “la Gloria de Dios es que el hombre viva”. Es decir, Dios, que es Amor, desea que sean su belleza y la belleza de la vida cristiana y la belleza de nuestras relaciones en esa vida, la belleza de la comunión entre nosotros, convertida en modo de vida, eso es lo al Señor más le agrada. Eso es el designio de Dios para nosotros. Esa es nuestra verdad, porque estamos hechos para ser una sola cosa en Cristo y una sola cosa con el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo.

 

Sólo de eso se entiende la búsqueda de la verdad en nuestra vida. Yo sé que, en el mundo de hoy, la verdad no cuenta nada. Nuestra vida social, nuestra vida política, nuestra vida comercial Los anuncios y el marketing y todo eso consiste en manipular los deseos del hombre. Por lo tanto, tienen poco que ver con la verdad. Me acuerdo yo de una periodista muy famosa, cuyo nombre no voy a decir, pero que dijo una vez públicamente “no dejes que la verdad te estropee una bonita noticia”. Pues, eso nos dice el mundo en el que estamos. Allá por los años 80, era yo todavía un cura estudiante cuando recuerdo haber leído que un adolescente, o una persona normal en los alrededores de Nueva York, estaba sometido a una media de 5.000 anuncios diarios.

 

Dios mío, qué podamos ser conocidos porque amamos la verdad y porque Le pedimos al Señor que a los primeros que no nos engañemos sea a nosotros mismos, sino que podamos ser lo que somos con sencillez. No nos salva el que seamos capaces de realizar la imagen que tenemos de nosotros. Nos salva el amor del Señor, que es un regalo y una gracia, y un regalo siempre inmerecido.

 

Eso nos ayudará a amar Su verdad, a ser poseídos por ella, como ser poseídos por Su amor y ser atraídos por Su belleza, y por la belleza de Su designio para cada uno de nosotros. Que así sea para todos.

 

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

 

13 de junio de 2020
Iglesia parroquial

 

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