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“Es el Señor quien ha salido en busca de nosotros”

Homilía en la Santa Misa el miércoles de la XV semana del Tiempo Ordinario, el 15 de julio de 2020.

Fecha: 15/07/2020

 

Yo quiero ser uno de esos pequeños a quienes les es dado conocer el Misterio de Dios, a quienes les es dado conocer, y no sólo conocer con la cabeza, sino adentrarse y vivir en el Misterio del Dios Amor. Porque la vida cristiana no consiste en tener un conocimiento de Dios, como se tiene conocimientos de las clases de los árboles, o de las especies de los insectos o de cualquier otra cosa de este mundo, sino en que Cristo ha salido a nuestro encuentro en la vida y hemos conocido, hemos experimentado, Su amor por nosotros. Y experimentar ese amor nos introduce, cambia la vida, pero cambia la vida sobre todo porque nos introduce en la corriente de Su amor y hace de nuestras vidas parte de esa misma corriente de amor inmenso por el mundo.

 

No se es cristiano -como decía Benedicto XVI- por conocer unas grandes verdades o asumir unos principios morales. Se es cristiano por haberse encontrado con Jesucristo. Y el encuentro con Jesucristo es el encuentro con un amor que sólo se puede acoger dejando que la vida sea implicada, hasta su propia raíz, hasta el esqueleto de nuestro cuerpo y de nuestra alma, por ese Amor. Y eso es fuente de una gratitud incesante, porque “nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Él ha querido revelar ese amor suyo a nosotros y no porque seamos mejores que otros, sino porque así le ha parecido bien, porque hemos sido elegidos para ello, somos un pueblo elegido. Somos una estirpe de su propiedad que Él ha querido…, hasta el gesto de la imposición de las manos, que se usa tanto en la Iglesia, desde el principio, originalmente era un gesto que se usaba cuando había que dividir un rebaño en las grandes tribus de los grandes beduinos que había en la época de Abrahán; moría el patriarca y los hijos ponían las manos sobre la parte del rebaño favorita, la que ellos quisieran que les tocara en herencia. Pues, el Señor ha puesto Sus manos sobre nosotros, las ha puesto en el Bautismo, como su pueblo de elección, su lote favorito.

 

Señor, qué misterio, ¿qué hemos hecho nosotros para ser tus preferidos? Qué hemos hecho nosotros para ser ese lote favorito que Tú has querido elegir para Ti y hacernos tuyos, y haciéndonos tuyos devolvernos a nosotros mismos para que seamos verdaderamente nosotros mismos, puesto que nuestra vocación eres Tú, nuestro destino eres Tú, nuestra vida eres Tú.  ¿Qué hemos hecho nosotros para participar de esa vida? Realmente nada. Porque la mayor parte de nosotros hemos recibido la fe casi al mismo tiempo que aprendíamos a decir “papá” o “mamá” o “yaya”. Y aunque la hubiéramos encontrado a lo largo del camino de la vida, cuando uno encuentra la fe de verdad, se da cuenta de que no es que uno estuviera buscando un producto que ha encontrado, sino que ha sido el Señor quien nos estaba buscando a nosotros y hemos sido encontrados. “Este hijo tuyo -dice el padre de la parábola- estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado”. Es el Señor quien sale en busca de la oveja perdida. Es el Señor quien ha salido en busca de nosotros.

 

Que el Señor nos conceda su Espíritu para que no perdamos nunca esta sabiduría de que hemos sido buscados, elegidos, amados, encontrados por el amor infinito de Dios, y que eso sea la fuente de nuestra consistencia en la vida, de nuestra alegría y de nuestra gratitud permanentes.

 

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

 

15 de julio de 2020
S.I Catedral de Granada

 

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